Diseño arquitectónico Barroco

Diseño arquitectónico Barroco

 

Si algo es muy cierto en la historia de la humanidad desde sus inicios su más grande ambición siempre ha sido, y será, trascender. El hombre ambiciona pasar a la historia en pequeña, mediana o gran manera, como prueba de ellos tenemos las siete maravillas del mundo, las cuales son: Machu Picchu en Cuzco Perú, Chichén Itzá en México, el Coliseo Romano en Italia, la estatua de Cristo Redentor en Río de Janeiro Brasil, la Gran Muralla en China, Petra en Jordania y el Taj Mahal en Agra India. Grandes monumentos a la brillantísima mente humana, así como a su disciplina y empeño a ser los mejores, procedente del sentimiento de competitividad aunado al egocentrismo que nos caracteriza.

Entrando en materia del diseño arquitectónico y sus tendencias a lo largo de la historia hablaré de algo que verdaderamente debería apasionar a todos los amantes del arte, el Barroco.

El panorama histórico nos posiciona en el pensamiento Gótico, Dios como centro del universo, el diseño arquitectónico gótico caracterizado por sus arcos apuntados, los pináculos, arbotantes y en algunos de los casos, las gárgolas. Notre Dame es una de las catedrales más emblemáticas del arte arquitectónico Gótico, principalmente por su ubicación geográfica, París. Tan solo por su fachada la Catedral es un arte exquisito a la vista de todos los turistas, un claro ejemplo de prototipo de las catedrales góticas francesas por su esquema en H: un cuerpo principal franqueado por dos torres rematadas en terrazas. El equilibrio centrado en la línea horizontal (la galería de reyes) y la vertical (dos torres y los portales). La fachada está distribuida en pisos y dividida en tres portales que hacen pensar en tres naves en el interior, aunque en realidad tiene cinco. Y en el centro, por su puesto, el bellísimo rosetón, increíble creación humana que se disfruta tanto en la fachada de la Catedral como por dentro de ella. Por la parte de afuera se aprecia un hermoso círculo perfectamente detallado y en su centro la Virgen María coronada sujetando al niño Jesús en sus brazos, y en cada lado un ángel guardián. Por dentro se puede apreciar un hermoso vitral del siglo XIII. En 1977 fue declarada monumento histórico.

Por otro lado, el estilo Barroco conglomera todas las áreas en tema de humanidades, es decir, escultura, pintura, literatura, pensamiento intelectual, moda, diseño arquitectónico, la música, la danza, el teatro y todas estas ligadas la una con la otra, es decir, de manera sincrética.

La historia del Barroco inició un poco menos ortodoxa, pues el comienzo de ésta hermosa tendencia en los países europeos inició por cuestiones eclesiásticas, es decir, con la reforma que encabezó Martín Lutero (1483 – 1546) los diseños de las iglesias cambiaron, un periodo sobrio entre el gótico y el barroco. La reforma de Lutero se extiende rápidamente por Europa y la iglesia actúa de manera inminente, usa el estilo barroco con fines litúrgicos utilizando la grandiosidad y complejidad de este estilo para atraer feligreses. Siendo pues, de la arquitectura, pintura, música y escultura, instrumentos del papado eclesiástico e ilustración de la fe católica. El barroco como expresión estética de la contrarreforma de Lutero.

Entrando en el monumental tema de trascendencia histórica pongo sobre la mesa el tema de los creadores del estilo arquitectónico Barroco (siglo XVII – XVIII), dos hombres llenos de soberbia, orgullo y egocentrismo características las cuales los llevaron precisamente a la trascendencia de manera extraordinaria; hablo nada más y nada menos que de Francesco Borronini (Bissone, Suiza, 1599 – 1667) y Lorenzo Bernini (Nápoles, Roma, 1598 – 1680), iniciadores de lo que fue y será siempre la máxima exponencia del diseño arquitectónico y arte Barroco.

Lorenzo Bernini escultor, arquitecto y pintor italiano su trabajo se concentra principalmente en Roma. Su habilidad y técnica para tallar el mármol fue lo que lo llevo a ser el sucesor de Miguel Ángel. Fiel católico puso al servicio de la iglesia su arte, y con el favor de los papas Urbano III (1623 – 1644) y Alejandro VII (1655 – 1665) con lo que aseguró a que le asignaran su más grande obra, la Basílica de San Pedro, así como la Plaza, del mismo nombre, que se abre ante la basílica en el Vaticano, Roma. Es uno de los proyectos más reconocidos de Bernini. Dicha basílica es reconocida como uno de los lugares más sagrados del catolicismo, se ha descrito como, “Ocupante de una posición única en el mundo cristiano”, y “Como la más grande de todas las iglesias de la cristiandad”. Es una de las cuatro basílicas mayores y la más bella obra de arte del escultor, arquitecto y pintor Lorenzo Bernini.

Las características del barroco en diseño arquitectónico: se mantuvo la simetría del estilo renacentista, las columnas tenían diseños torcidos y en la mayoría de las ocasiones eran solo de adorno y no de soporte como en la antigua Grecia y Roma, abundantes líneas curvas, los detalles decorativos altamente ornamentados, sensación de movimiento en las formas, torres, cúpulas y domos, excesiva abundancia de ventanas y ventanales, ilusiones ópticas, integración de la arquitectura y pintura, interiores decorados con magníficos frescos en cielos rasos y muros.

La basílica de San Pedro es uno de los edificios más grandes del mundo. Tiene 218 m de largo​ y 136 m de altura hasta la cúpula; presenta una superficie total de 23 000 . Ocupa 15,000 metros cuadrados. No hay otro templo en el mundo que le iguale en extensión. El edificio está conectado con el Palacio Apostólico por un corredor a lo largo del pasillo al lado de la Scala Regia, junto a la fachada de la Plaza de San Pedro, y dos corredores que lo conectan con la sacristía adyacente. Estos pasos elevados fueron ideados por Miguel Ángel, de modo que su presencia no interrumpe el perímetro de la basílica y permite la existencia de ramificaciones en el templo. El exterior está construido con travertino, y se caracteriza por el uso del orden gigante a partir del cual se establece el ático. Esta configuración es idea de Miguel Ángel y se mantuvo en el cuerpo longitudinal añadido por Carlo Maderno.

 

El interior de la basílica aloja 45 altares y 11 capillas que guardan obras de arte muy valiosas, entre ellas algunas de la antigua basílica, como la estatua de bronce de San Pedro (núm. 89), atribuida a Arnolfo di Cambio. Cabe mencionar que el diseño de la basílica tiene forma de cruz renacentista, se puede apreciar desde una vista aérea.

El Baldoquino de la basílica de San Pedro es una obra de arte barroca hecha y detallada por Lorenzo Bernini donde se aprecian las expresiones barrocas, las columnas curvas que forman un espiral y dan la sensación de movimiento, cada columna salomónica está perfectamente detallada iniciando en la base dos círculos minuciosamente detallados, el pilar tiene en su asiento inicial hojas como si el altar estuviese posado sobre ellas, seguido por espirales los cuales al mirarlos da una sensación de movimiento constante, le siguen una hermosísima decoración de racimos de uvas y arcángeles jugando entre ellos lo que simula un jardín. Casi en la punta de cada columna una perfecta decoración estilo romana excesivamente detallada, la base superior es rectangular, en cada cara del cubo el rostro de un sol, es característico del estilo barroco la decoración excesiva. En la cima de cada columna; un ángel, estos ángeles están perfectamente detallados, desde sus vestiduras, las alas, los rostros y el movimiento del cabello, una verdadera obra de arte.

 

Los arcángeles del centro del Baldoquino, sujetan las llaves de las puertas del cielo y el Solideo del papa en forma de corona, que simbolizan el nombramiento del apóstol San Pedro en su Santa encomienda. A lo largo del Baldoquino cuelgan banderines con los rostros de arcángeles y sus alas intercalados con banderines con tres abejas con detalles muy pertinentes.    

Las nervaduras de forma curva, escrupulosamente detalladas que inician y terminan en rizo, la extensión completa de la nervadura tiene talladas hojas de olivo, dichas nervaduras sostienen una base la cual sujeta una esfera en su punta. En la parte del techo del baldoquino esta tallada una cruz que en el centro tiene una hermosa paloma simbolizando el Espíritu Santo y una delicada decoración ensalzando la santidad de éste.

Sin lugar a duda una gran representación de lo santo, jugando con los detalles lujosos y la minuciosidad del autor. Sin duda Bernini tenía una habilidad increíble y una obsesión con los detalles.

Aunque gran variedad de brillantísimos arquitectos son los creadores de ésta verdadera obra de arte, tales como: Bramante, en colaboración con Giuliano da Sangallo (1506), Rafael Sanzio, en colaboración con Giuliano da Sangallo (1514), que fue reemplazado por su sobrino Antonio da Sangallo el Joven en 1515, y Fray Giocondo hasta su muerte ese mismo año, Antonio da Sangallo el Joven (1520), con su colaborador Baldassarre Peruzzi hasta 1527, Miguel Ángel (1546), Pirro Ligorio y Jacopo Barozzi da Vignola (1564), Giacomo della Porta con Domenico Fontana (1573), Carlo Maderno (1603), y por ultimo Gian Lorenzo Bernini (1629).  Sin embargo, Bernini fue quien culminó dicha basílica y su esencia Barroca quedo impregnada en ella con el paso de los años. Sin duda le agradecemos a Bernini su gran dedicación a su arte y su fidelidad católica la cual lo llevó a ser el mejor de todos los que contribuyeron en la creación y diseño de la máxima exponencia del estilo Barroco.

Queda a su merced queridos lectores, la mayor exposición de arte barroco, con todos sus detalles y lujos con los que se construyó esta colosal obra de arte y sin duda alguna pasó a la historia como uno de los grandes.